Marcelino Solana Crevillén, natural de Archena y nacido el 1 de octubre de 1903. Vivió en Cartagena y tuvo 5 hijos.
Marino de la Armada Republicana, tuvo destinos en el submarino C2 como auxiliar primero electricista (1936-37), y oficial torpedista en el destructor José Luis Díez. Ejerció también como comisario político, y era muy valorado en su profesionalidad.
“D. Marcelino Solana, auxiliar primero de electricidad, fue comisario político del C-2, pero le recuerdo como un hombre respetuoso con los dos comandantes que tuvimos en este buque. (…) no llegué a comprender que, al terminar la guerra, fusilaran a D. Marcelino –así me lo informaron–, a menos que tuviera otras actividades que le comprometiesen.” Relatos inéditos de los submarinos republicanos en la Guerra Civil española: C-5 y C-2” © Ramón Cayuelas Robles, Editorial Club Universitario.
Al finalizar la guerra fue juzgado y sentenciado a pena de muerte, siendo fusilado el 6 de noviembre de 1939 en Cartagena, a la edad de 36 años.
ACUSACIÓN
Marcelino Solana Crevillén perteneció al comité del submarino C-2. Posteriormente es nombrado comisario político en el mismo destino, una vez suprimidos por el Gobierno de la República los comités de milicianos.
CONSIDERANDO DE LA SENTENCIA
Los hechos expuestos constituyen el delito de «adhesión a la rebelión» pues si bien el procesado no provoca ni es causa de la rebeldía de la dotación de ese buque ni de ninguna otra dependencia o unidad de la armada, una vez producida se une a ella espiritualmente de una manera plena y de absoluta compenetración, que le impulsa a ocupar puestos de importancia y responsabilidad, como lo son los de presidente del comité y comisario político, en los cuales tiene una destacada actuación, consiguiendo imperase en el submarino C-2 la disciplina y el orden necesarios a toda unidad de la armada, para que sea efectiva en el momento del combate.
De este delito es responsable en concepto de autor, por participación directa y voluntaria, sin concurrencia de modificativas legales.
El consejo aprecia una evidente peligrosidad del procesado.
Comentario informativo
Los comités se encargaban de la navegación, la disciplina y las acciones de combate, tomando decisiones de manera democrática o bajo la dirección de los miembros más politizados. A pesar de sus limitaciones y de sus excesos injustificables (ajusticiamientos extrajudiciales), los comités fueron fundamentales para evitar que la mayoría de la escuadra pasara al bando sublevado en julio del 36, manteniéndola bajo control gubernamental. Consiguiéndose así que la Armada fuera un bastión fundamental en la defensa de la República Española. Tras los primeros meses de guerra, al final del 36 y principios del 37, los comités fueron sustituidos por una estructura de mando más convencional, aunque marcada por la presencia de comisarios políticos para asegurar la lealtad al gobierno.
Comentario de la sentencia
«Adhesión a la rebelión» es el término genérico para catalogar, de forma irónica, al delito cometido por defender a la República. En el caso de los militares es más incisiva la ironía ya que todo militar está obligado a defender el régimen legal constituido, te guste más o te guste menos.
Puede ser que Marcelino Solana Crevillén fuera de derechas y católico, pero eso era lo de menos para el régimen sublevado, lo importante era que, aunque no tuviera parte en las atrocidades contra oficiales que se produjeron en el interior de los navíos nada más tener lugar el golpe de estado como respuesta espontánea por los bombardeos y atrocidades ordenadas por las autoridades golpistas, él tenía la obligación de ponerse del lado de los sublevados. Por eso fue condenado, por eso fue fusilado. La expresión «consiguiendo imperase en el submarino C-2 la disciplina y el orden necesarios a toda unidad de la armada, para que sea efectiva en el momento del combate» lo dice claramente, es culpable de cumplir con su obligación. Es la «justicia de la victoria» . No fue precisamente la paz lo que vino. La implantación del régimen de terror y del miedo como base fundamental de sujeción de la dictadura, preconizada por los generales golpistas Mola, Queipo de Llano o Franco, alcanzaría hasta aquellas personas que, aún siendo conservadoras y nada sospechosas de inoculadoras del virus comunista, no tuvieron una actuación manifiestamente visible en la defensa de la sublevación golpista. A Marcelino le alcanzó con el mayor castigo, la pena capital.

Fuentes: La familia y Vicente Juan Medrano Salamanca (investigador). Comentarios: Bernardo Sánchez Muñoz, memorialista . (ver censo de víctimas) https://www.fosasmemoriahistoricamurcia.com/

