La Alimentación de los reclusos republicanos en la Cárcel Vieja.

 

Rufino Garrido Martínez

investigador de la Memoria Histórica.

Dos indignes expresidiarios defensores de la democracia, D. José Castaño y D. José Fuentes Yepes.

La Alimentación de los reclusos republicanos en la Cárcel Vieja.

En el artículo publicado, además de detallar lo que sufrieron los allí recluidos, tanto los que fueron condenados a la pena máxima, la pena de muerte, como sobre los que murieron por hambre y por enfermedades, esos datos han tenido que ajustarse al espacio que normalmente dedican en ese diario a este tipo de documentos, en su parte final he incluido unas referencias al tipo de alimentación que les daban a los republicanos y republicanas recluidos en esos edificios, que por lo dicho no han podido ser muy extensas.

 

En este documento que estoy redactando voy a ampliar la información sobre la alimentación que recibían los republicanos y republicanas durante el período más duro de su reclusión. Parece ser que este período abarcaría los años 1941 y 1942, pero desde el inicio de las detenciones de los republicanos tuvieron que soportar las malas condiciones de las instalaciones sanitarias y de agua potable en las que las dejaron los últimos presos del bando golpista antes de salir de esos edificios, así como el hacinamiento de entre 2.700 a 3.000 presos, en una prisión construida para contener a un máximo de 300 personas. Por lo que el período más duro para todas esas personas allí recluidas abarcaría desde 1939 hasta el año 1942, año a partir del cual parece que fueron cambiando poco a poco las duras condiciones que sufrieron.

 

Sobre estos hechos D. José María Marín Jover, en su libro “Prisión y Clandestinidad bajo el Franquismo”, publicado en el año 1987, escribió lo siguiente:

 

(Capitulo III, páginas 32 y 33)

“Cuando el día 29 de marzo del año 1939 llegó a la Prisión provincial de Murcia la noticia de que se había terminado la guerra con el triunfo total de Franco, la ola de alegría inmensa que se extendió por los cuatro presos fascistas que había, tuvo sus consecuencias. Para celebrar tan buena nueva para ellos, arremetieron contra el sistema de depósitos de agua, destruyendo fuentes y retorciendo cañerías como sierpes para dejar a los presos antifranquistas que les reemplazaran sin agua potable.

Por esta contrariedad, por la rigidez de la disciplina carcelaria, el tener que vivir hacinados como cosas, el formar cola para recoger el mendrugo de borona, las cuatro o cinco formaciones diarias, los castigos humillantes en el Karambú -celda de castigo, apartada, húmeda y sarnosas, teniendo que dormir sobre el duro suelo-, sinsabores todos propios de una prisión del franquismo, nos irritaba de tal manera el sistema nervioso que maldecíamos, muy de veras, no sólo de aquellos que pudieran ser responsables de nuestra reclusión, sino de nosotros mismos.

Vivir en la cárcel, especialmente los primeros años del franquismo, resultaba un verdadero dolor. De día, los cuatro amplísimos patios se hallaban completamente llenos. Estando de pie podíamos desenvolvernos con algún desahogo; pero de noche al tener que adoptar necesariamente la posición tendida, oblicua o en estado supino o prono, teníamos que dormir prensados.

 

Sobre estas mismas circunstancias sufridas por los recluidos en la Prisión Provincial, copio a continuación un fragmento de la transcripción de la grabación que le hice a mi padre, D. José Garrido Valverde, en el año 1994.

 

El fragmento siguiente trata de las condiciones en que se encontraban los republicanos allí recluidos:

Pregunta: Llegaste a ir a la cárcel, estuviste primero aquí en Murcia. Primero estuviste en Cartagena, luego en Campos comprando panizo. Pero primero te ingresaron aquí en Murcia, una vez que te denunciaron…

Respuesta:  Bueno, una vez que me dejaron libre en Cartagena porque no tenía cargos en mi contra, ninguna denuncia, me vine a Campos y después de la denuncia estuve en la Prisión Provincial, cuatro años y medio aquí en Murcia, y dos o tres meses en “Las Agustinas”, y de aquí ya me enviaron al Puerto de Santa María.

Pregunta: Pero ¿Te habían juzgado?

Respuesta: No, estuve tres años por lo menos sin juzgarme, y cuando me mandaron al Puerto de Santa María ya estaba juzgado, y salí desde “Las Agustinas”, ya juzgado con una condena de veinte años de cárcel.

Pregunta: Entonces ¿en la cárcel vivirías circunstancias de cierta relevancia, desagradables?

Respuesta: Sí, hubieron muchas circunstancias de relevancia.

Pregunta: ¿El trato era inhumano?

Respuesta: Pues sí, porque si la cárcel era para 300 personas, y allí habíamos 3.000 reclusos, imagínate cómo teníamos que estar. Yo podía estar más cómodo porque tenía un destino, y me podía mover por la prisión, pero los que no lo tenían, tenían que estar en las celdas, por los pasillos, o en los patios, sin poder moverse, y cuando hacía frio o llovía cada uno tenía que taparse cómo podía. La gente tenía que dormir unos encima de otros, con sol, con calor, con frío; tenían que ponerse de lado para poder acomodarse para dormir.

Yo no cogí “miseria” hasta que tuve que entrar a dormir a los pasillos, porque no se podía estar en los patios, porque llovía mucho.

Pregunta:   Entre los tratos inhumanos ¿supongo que estaría la comida deficiente?

Respuesta: La comida era a base de coles, de esas que no se habían abierto. Esa era la comida que daban; agua hervida con esas coles.

Reivindicando la Memoria en la Cárcel Vieja de Murcia.

 

Además de recoger lo dicho por D. José María Marín Jover y por D. José Garrido Valverde sobre las condiciones en las que se encontraban los reclusos en esos años, tengo que incidir sobre el tipo de alimentación que recibían, puesto que la falta de alimentación mínimamente adecuada para soportar las condiciones en las que se encontraban supuso para muchos de los recluidos enfermedades graves y hambre.

En esa Prisión, la Cárcel Vieja, fallecieron 56 reclusos, 9 por Tuberculosis y 17 por Hambre (Síndrome Carencial, Avitaminosis, Edema y diarreas), el resto hasta completar los 56 por diversas enfermedades.

El número total de republicanos fallecidos, los que hemos localizado entre todos los expedientes procesales de la Prisión Provincial depositados en el Archivo General de la Región de Murcia, asciende a 142, por enfermedades, hambre, suicidios o por disparos en la Prisión Provincial, en las Prisiones Habilitadas nº 1 “Las Isabelas”, nº 2 “Las Agustinas”, en el Hospital Provincial y en otras dependencias, durante los años 1939 a 1947.

Los fallecidos por Síndrome Carencial, Avitaminosis, Edema y diarreas: Hambre, fueron 22. Los fallecidos por Tuberculosis fueron 41. Fueron las principales causas de fallecimientos tanto en la Prisión Provincial, como en las otras dos Prisiones Habilitadas de Las Isabelas y Las Agustinas.

Sobre la alimentación que recibieron los reclusos durante el período al que se refiere este documento, vuelvo a transcribir en primer lugar lo que recogió en su libro “Prisión y Clandestinidad bajo el Franquismo”, D. José María Marín Jover:

 

(Capítulo V, página 43)

 

“En efecto, el condumio que nos correspondía era una infusión de doce lentejas sobre cochambroso plato cuartelero (las lentejas que precisamente dejó la República en su Intendencia), y la flotación de algún ojuelo de oleaza, pero tan escasos, que había necesidad de un potente telescopio para localizarlos. El desayuno era un cazo de agua-malta, sin azúcar. Y si tenemos en cuenta que los 25 gramos de pan eran de alforfón y maíz se comprenderá fácilmente que, con razón, por espacio de 48 horas estuviésemos plenamente convencidos de la huida del generalísimo.

No creemos que nuestro error sea muy grande, si afirmamos que de 2.936 calorías diarias que, como mínimo, necesita toda persona para vivir, nosotros no insuflábamos más de 552. Porque si sacamos la cuenta a base de tomar como referencia los principios proteicos o albuminoideos, que es la variante justamente de mayor base nutricia, 120 gramos de los mismos, multiplicados por 4’6 que es su equivalencia calorimétrica, nos da la magnitud reseñada. Por ello se comprenderá que tuviésemos que estar casi todo el día en estado de cúbito supino, al objeto de mantener, en parte, el corto pegujal de nuestras reservas dinámicas.

Tal era nuestra debilidad fisiológica, que cuando bajábamos al patio por el rancho a la una del mediodía, bajo un sol de justicia, como teníamos que permanecer largo rato formados y firmes, raro era el día que una veintena de presos no se desplomasen al suelo, algunos víctimas de lipotimias.”

De igual forma, sobre la alimentación vuelvo a copiar un fragmento de la transcripción de la grabación que le hice a mi padre, D. José Garrido Valverde, en el año 1994:

 

  • Pregunta:Me dijiste que las condiciones dentro de la Prisión después de la guerra eran muy malas.
  • Respuesta:Si, malísimas.
  • Pregunta:¿En qué condiciones estaba la alimentación de los presos?
  • Respuesta:Pues tienes que hacerte una idea de lo mal que estábamos, cuando en una prisión en la que debíamos estar 300, habíamos 3.000. Las comidas eran malísimas, los que no tenían la suerte de que sus familias les llevaran ropa limpia y comida, estaban muy mal. Fíjate como sería lo de la comida que tuvo que venir el Director General de Prisiones, don Máximo Cuervo, que viniera a Murcia porque se murieron tres presos, y los médicos que había presos, había tres médicos presos, y en los certificados de defunción pusieron que habían muerto por hambre, por necesidad, y eso llegó a Madrid.
  • Y por lo visto eso tuvo un efecto. Y el Director General, un buen día se dejó caer por la Prisión, sin avisar y sin nada, y llegó a la puerta y el vigilante le preguntó que quién era. Y él le dijo “Soy el Director General de Prisiones, don Máximo Cuervo”.
  • El vigilante le abrió y el Director General le preguntó por el director, a lo que el vigilante le dijo que estaba en su casa.
  • “Dígale que baje”, y se fue directo a las cocinas, para ver cómo se hacían las comidas; porque se hacían dos clases de comidas: una para los patios y otra para la enfermería.
  • Y preguntó por las comidas; la que estaba hecha para la enfermería llevaba un poco de grasa, y la otra la de los patios, no llevaba nada de grasa.
  • La diferencia era solamente esa, la de la enfermería llevaba un poco de aceite, de grasa, y la otra nada de eso, nada más que coles cocidas.
  • Y estando viendo eso se presentó el director de la Prisión, Don Elías, que iba de paisano y solamente se había puesto la gorra.
  • El director general le preguntó que quién era y éste le dijo “que era el director de la Prisión”.
  • “Y se presenta usted así, sin el uniforme, vaya usted a ponerse el uniforme”, y lo echó de allí para que se vistiera con el uniforme.
  • Cuando volvió le preguntó “que si eso era lo que le daban de comer a los prisioneros”.
  • Y éste le dijo que no había otra cosa.
  • El director general le dijo “Que no hay otra cosa, eso ya lo veremos. Queda usted destituido inmediatamente de su puesto”.
  • El Director General se fue a ver la Prisión, se dio una vuelta por los patios. Para ver al personal.
  • Para ver cómo estábamos. Y vio que estábamos amontonados, hacinados. A los tres días vinieron un nuevo director y un Administrador. El director nuevo era un funcionario de prisiones, y las cosas variaron mucho. El Administrador iba a Abastos y le hacían formar cola para pedir las cosas que quería para la alimentación. En Abastos no le querían dar los productos necesarios para alimentar a los presos.
  • Pregunta:Me imagino que de todo esto tú te enteraste por el puesto que tenías, por el destino que tenías. Me refiero al incidente entre el Director General y el director de la Prisión.
  • Respuesta:Es que eso me lo contaron a mi porque estaba como Cabo del Cacheo, al principio lo que hacía era vigilar para que no entraran notas, cartas o cosas que estaban prohibidas. Pero después yo me hice amigo de algunos cocineros, y de otros era conocido, y me lo contaron porque tenían confianza conmigo.
  • Pregunta:Entonces los suministros que hasta ese momento se compraban para la comida ¿Qué eran? ¿compraban lo mínimo que podían?
  • Respuesta:Bueno, comprar… Lo que hacían era ponerse en contacto con uno de aquí de La Arboleja para que mandase coles, pero no coles normales, de las que se cerraban. No, eran las que no se cerraban, que eran todo hojas, las que no servían para la Plaza. Esas eran las que se servían a la Prisión.
  • Ese tipo, ese fulano, se hizo rico; se hizo rico porque no solo suministraba a la Prisión Provincial, sino que suministraba a las tres prisiones que había: a la Prisión de Las Agustinas; a la que había en Las Isabelas, esa que estaba ahí enfrente de la Plaza, y a otra que había en Las Claras, detrás del Romea.
  • Había tres conventos, dedicados a Prisión, aparte de los 3.000 que habíamos en la Prisión Provincial, estaban estos tres conventos llenos.
  • Pregunta:¿Cuántos presos calculas tú que había en esos conventos?
  • Respuesta:No sé, la gente que había en los conventos no sé las cifras, pero había mucha gente también.
  • Pregunta:Bueno, supongo que una vez que destituyeron al director de la Prisión ¿la comida mejoró?
  • Respuesta:Si, ya la comida mejoró porque empezamos a comer con habichuelas, garbanzos, patatas. Si, cambió mucho la cosa. Porque ya todo eso lo suministraba Abastos. Al principio el Administrador intentó que todo eso lo suministrara Abastos directamente, pero allí le dijeron que no, que tenía que hacer la cola como todo el que iba allí, porque iban de los pueblos y tenía que ponerse con todos. Menos mal que suministraban de un día para otro, que no era para el día. Y así si faltaba algo se podía arreglar con tiempo.

 

Los datos y comentarios que he recogido en este documento, creo que expresan claramente las condiciones que tuvieron que sufrir-vivir todos los republicanos y republicanas que estuvieron recluidos en los edificios de la Cárcel Vieja de Murcia, entre los años 1939 hasta 1947, aún significando que el período más duro fue entre los años 1939 hasta 1942, en el que se produjeron más fallecimientos y fusilamientos.

Murcia, 6 de febrero de 2025

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio