Josefina Cánovas Montesinos (Color y Memoria)

Reflexiones sobre la mujer motivados por la sonrisa de Josefina Cánovas Montesinos.

El sometimiento secular de la mujer al hombre, con el reforzamiento y la intransigencia eclesiástica de por medio, parecía que iba a ser desterrado. La esperanza de avanzar en pro de unas políticas igualitarias que enterraran, de una vez por todas, la humillación soportada por la mujer con respecto al hombre, se notaba en el ambiente.

Con la proclamación en 1931 de la República, llegó la posibilidad de entrar en una sociedad democrática avanzada, plasmada en la Constitución de diciembre de ese mismo año. La extensión de derechos que se produjo con el matrimonio civil, el divorcio, la rehabilitación de hijos ilegítimos, la educación universal gratuita, los derechos de huelga y de negociación, la igualdad jurídica entre sexos, el sufragio universal (el derecho al voto femenino fue un hito universal), la laicidad, la ruptura del monopolio educacional de la Iglesia, etc.,  significó un gran avance en derechos para toda la ciudadanía pero sobre todo para la MUJER.  Medidas tales como:

Baja maternal remunerada y reingreso al puesto de trabajo.

Educación sanitaria sobre anticonceptivos.

Derecho a optar a las oposiciones de la Administración y de Justicia.

Se suprime la separación de sexos en la Enseñanza Pública.

tan normales como las vemos ahora, supusieron una revolución en la mirada, el tratamiento y el reconocimiento a la mujer como persona en igualdad de condiciones que el hombre.

La sonrisa de Josefina es la manifestación más clara de una liberación secularmente deseada y, por fin, conseguida. Esta fue una de las razones más potentes para tumbar esa esperanza,  para cargarse  ese intento serio de democracia, que fue la II República Española.

La derrota de la República supuso el fin de las conquistas logradas por la mujer. Mujeres que demostraron que son capaces, al igual que los hombres, de tomar sus propias decisiones, de irrumpir en la vida pública, de ocupar cargos de responsabilidad, de no necesitar tutorías del hombre por el mero hecho de nacer mujer. Todo eso se perdió con el Golpe de Estado de Franco, la posterior Guerra de España  y la victoria franquista.

 

¿Qué supuso la llegada del franquismo para la mujer? 

En primer lugar las consecuencias directas de la victoria

El castigo ejercido hacia las mujeres por su participación en el ámbito político sindical iba acompañado de una generalización bajo el término de roja, del que también fueron acusadas las mujeres familiares de huidos.

Además, hubo unos marcados elementos de género que se tradujeron en  diferenciales para hombres y mujeres en el caso de que  las  detenciones no se hubieran asociado a la participación política. Los golpistas centraron más su acción contra las familiares femeninas que las masculinas, ya que los familiares que más vivieron la violencia de la reclusión de aquellas personas que estaban huidas fueron las madres, hermanas o esposas.  Para localizar a los hombres y  ejercer represalias por sus acciones, utilizaban a las mujeres de sus familias. Estas no pasarían por Juicios, ni consejos de Guerra, tampoco por Prisiones Centrales.

Muchos encarcelamientos vinieron acompañados de otro elemento diferencial: la agresión sexual de la mano de las violaciones, las vejaciones públicas y acciones contra sus cuerpos -rapados de pelo, tomas de aceite de ricino o paseos medio desnudas  sufriendo las burlas por las  deposiciones ocasionadas  por la ingesta del ricino-. A esto se suma otro agravante más, en el caso de algunas mujeres, el darse la detención cuando estaban criando a sus bebés.

En la Región de Murcia llegaron a ser 1.350 mujeres procesadas, aunque solo 14 de ellas fueron ejecutadas.

Es el precio que pagaron por atreverse a salir de casa, a ocupar la calle, a tomar las armas, a transgredir el viejo orden, a ser protagonistas de la Historia (siguiendo al catedrático Pedro M. Egea Bruno).

La vida para la mujer, independientemente  de la represión  política

Todo lo conseguido por la república para la mujer se vino abajo. El papel igualitario se convirtió en sumisión y dependencia del hombre. Las mujeres casadas no tenían derecho al trabajo, a no ser que tuvieran la autorización del hombre y por razones muy especiales.

Los cometidos en la sociedad de la mujer pasaron a ser tres exclusivamente: marido, casa e hijos/as. El seguimiento de los mismos estaba asignado a la Sección Femenina de la Falange Española y de las JONS. Para hacerse idea de lo que esto iba a representar, sólo hay que tener en cuenta las palabras de su presidenta, Pilar Primo de Rivera, hermana del fascista español José Antonio, fundador de la Falange:

“Las mujeres nunca descubren nada; les falta,

desde luego, el talento creador, reservado por Dios

para inteligencias varoniles; nosotras no podemos

hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que

los hombres nos dan hecho”. 

Se define sola, no hace falta más comentario.

 Y el control moral le correspondió a la Iglesia Católica. Las estrictas normas morales para las mujeres (beatas, esposas sumisas y madres abnegadas) eran extremadamente vigiladas. Cualquier conducta transgresora a estas normas podría ser severamente castigada. Muy poco conocido en España es la existencia del PATRONATO DE PROTECCIÓN A LA MUJER que se creó en 1941, para un férreo control sobre aquellas muchachas que osaran desafiar el modelo de buena mujer que no habían escogido. El tratamiento en esta Institución (donde sin tener un edificio concreto, se ubicaba en centros religiosos, como “las adoratrices” o “las oblatas”,  que tienen una grave responsabilidad) fue peor que en una cárcel, donde a las condiciones de terror que se insuflaba en ellas, se les sumaba la esclavitud de trabajar sin recibir por ello nada a cambio que no fuera el desprecio. El colmo de todo esto llegó con el robo  de bebés, primero de aquellas personas rojas, penadas o no penadas, que les quitaban el hijo o la hija para evitar la transmisión del gen rojo, ideado por el nazi-fascista, Vallejo Nájara. Después, esta práctica se extendió a madres vulnerables (muy pobres, madres solteras, “descarriadas”, etc.) . Todos estos bebés irían a familias “decentes”, como “es debido”, para tener una educación correcta proveniente del nacionalcatolicismo franquista. Esta práctica se extendió hasta 1985 en Instituciones oficiales, llegando incluso a 1990 en recintos privados. La Asociación “Todos los niños robados son también mis niños” ha contabilizado un total de alrededor de 300.000 niños robados, que se hace necesario denunciar y esclarecer para hacer la justicia debida. La vergüenza es que a más de 50 años de la muerte del dictador siga pendiente su resolución.

La democracia está yendo muy lentamente en  devolver a la mujer sus derechos perdidos o no alcanzados. Todavía queda mucho, pero vamos avanzando.

Óleo realizado por Alfonso Martínez López.

Foto proporcionada por su sobrina nieta, Mari Carmen Murcia Gracia por mediación de Vicente Juan Medrano Salamanca, investigador.

Reflexiones recopiladas por Bernardo Sánchez Muñoz, memorialista.

 

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