José Luis Sánchez-Bravo Solla (Color y Memoria)

José Luis Sánchez-Bravo Solla, nacido en Vigo en 1954, con tan sólo 21 años se convierte en miembro del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).
Fue detenido por repartir pasquines con “propaganda subversiva” durante una manifestación contra el Régimen. Tras un juicio militar en el que faltaron las más elementales garantias legales, fue condenado a la pena capital y murió ejecutado el 27 de septiembre de 1975 en Hoyo de Manzanares, Madrid. Su hermana Victoria ya residía en Murcia y se encargó del traslado de sus restos para ser enterrado aquí.
El 18 de octubre de 2024, 49 años después, el Gobierno español entregó a Victoria Sánchez-Bravo una declaración de reconocimiento y reparación, figura contenida en la Ley de Memoria Democrática que anuló la condena de su hermano “por vicios de forma y fondo”.

Fue una de las cinco víctimas de las ejecuciones sumarísimas practicadas en la etapa final del franquismo. Estos fueron los últimos actos de la dictadura, ocurridos 53 días antes de la muerte de Franco. Se dieron en una de las fases más duras del tardofranquismo, donde ningún derecho ni garantía de defensa protegía a quienes se oponían al régimen. El franquismo, ya agonizante, actuó como un animal acorralado, volviéndose aún más peligroso. No hubo perdón para ellos y el Consejo de ministros en pleno ratificó las sentencias de muerte. Estos fusilamientos, los últimos del franquismo, se enmarcaron en cuatro consejos de guerra que carecieron de garantías, según expertos y juristas que vivieron los hechos.

José Luis fue detenido el 29 de agosto de 1975 y el 27 de septiembre, en menos de un mes,  fue asesinado. Lo llevaron a la Dirección General de Seguridad, actual sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, cuyo actual Gobierno   se niega a recordar este edificio como uno de los que fueron testigos de la feroz represión del régimen franquista.  Su hermana Victoria (Vicky) explica “Allí lo torturaron hasta tal punto que llegó a orinar sangre. No sé cuantas veces le aplicaron corrientes eléctricas, llegaron a darle también en los testículos”.

José Luis y cinco personas más fueron   acusadas por el régimen de estar involucradas en el asesinato de un teniente de la Guardia Civil, atribuido a un comando del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). El fiscal solicitó la pena de muerte para cinco de ellas sin prueba alguna.

El 16 de septiembre, la Capitanía General de Madrid ordenó iniciar el consejo de guerra. Paca Sauquillo, abogada de una de las procesadas, afirma: “En dos días tuvimos que estudiarnos el sumario”. Sin embargo, todo estaba decidido de antemano. «Aquello fue un circo, querían matarlos”, dice Vicky. Cualquier intento de los letrados por defender a los presos sería inútil; el objetivo era dar un escarmiento y enviar un mensaje claro de autoridad a la sociedad española y al mundo entero: el régimen seguía vivo. No obstante, estaba cavando su propia tumba.

Victoria luchó, hasta casi la extenuación, para que a su hermano le conmutaran la pena de muerte. Recurrió al cardenal Tarancón y a la hermana de Franco para que intercedieran por José Luis ante el propio dictador. Nada fue posible, ni siquiera la intercesión por dos veces del papa Pablo VI, ni la gran movilización de la comunidad internacional; nada.

Sesgaron la vida de José Luis, con 21 años de edad, con mujer  embarazada de 4 meses, y una familia destrozada. Su madre decía que ya no le merecía la pena el vivir y su hermano menor, Manuel, no lo resistiría.

La familia ha visto, al menos en parte, recompensada su lucha  por la visibilidad de la dignidad de José Luis Sánchez-Bravo Solla . Finalmente, tras 49 años de su asesinato, en el 2024 ve satisfecha su demanda de nulidad del proceso y de la condena a su familiar por ilegalidad del juicio y del tribunal que lo llevó a cabo.

Reconocimiento del Gobierno de España.

Poesía  de  Luis Vera Sánchez-Bravo, hijo de Vicky, en recuerdo de su tío.

No es la fecha en un libro,
es un disparo que aún resuena en mi sangre.
27 de septiembre de 1975.
Hoyo de Manzanares convertido en paredón,
cinco nombres, cinco cuerpos,
y un Estado empeñado en secuestrar la libertad.

Mi tío,
José Luis Sánchez-Bravo Solla.
Le llamaban Corujo,
le llamaban Hidalgo,
pero en casa solo era José Luis,
21 años,
un hijo por nacer,
un futuro robado.
Un consejo de guerra ilegal,
una farsa de justicia,
un teatro macabro
donde la defensa fue expulsada,
donde manipuladas las pruebas,
donde lo único que existía
era el hambre de escarmiento
de una dictadura moribunda
que aún mordía con rabia.

No llegó a ver a su hija,
mi prima,
y dejó a una madre,
cuatro herman@s,
y una esposa…
destrozados.
Manuel,
el pequeño,
no soportó el peso
y decidió marchar junto a él.

Y yo, nacido tres años después,
crecí con esa herida tatuada en silencio,
con la marca invisible de un apellido señalado,
en una sociedad mediocre
que aún hoy
aplaude aquel Régimen,
que aún hoy
se atreve a blanquear la sangre.

Cincuenta años han pasado
y todavía duele.
Todavía arde.
Todavía resuenan los fusiles
cuando veo la indiferencia,
cuando veo los homenajes vergonzosos,
cuando el olvido se disfraza de “normalidad”.

Pero la memoria no muere.
Porque mi tío y los suyos
no lucharon por gloria,
lucharon por libertad.
Y esa palabra —libertad—
es un grito que ni cien dictaduras
podrán fusilar.
Hoy lo nombro.
Hoy lo levanto.
Hoy digo:
José Luis Sánchez-Bravo Solla,
no estás muerto,
sigues vivo en cada voz
que se niega a callar.
27 de septiembre de 1975.
No un final.
Un comienzo.

(Publicado en el diario digital «Lo que somos» el 11 de octubre de 2025).

Óleo realizado por José Rosique Belmonte
Fuente: Victoria Sánchez-Bravo Solla.
https://www.fosasmemoriahistoricamurcia.com/personas/jose-luis-sanchez-bravo-solla/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio