Enrique Piñana Segado (Color y Memoria)

Enrique Piñana Segado, nació el cuatro de abril de 1908 en Cartagena, hijo del capitán de Infantería de Marina José Piñana Pacheco, quedó huérfano de padre a los once años e ingresó en el Colegio de Huérfanos de la Guerra de Guadalajara en el que residió hasta 1928. En esta ciudad cursó los estudios de Magisterio. Desempeñó su labor en diversos colegios  de la comarca del Campo de Cartagena como interino. En 1934 aprobó las oposiciones al Cuerpo de Maestros y fue destinado a una aldea de la provincia de Lugo, Quinta de Becerreá. En enero de 1936 consiguió un nuevo puesto en el anejo de Vertientes perteneciente al municipio de Cúllar (Granada).. Durante todo este tiempo simultanea la docencia con la escritura de poemas que aparecen publicados en diversas revistas de Guadalajara.
Perteneció  a una familia de ideas conservadoras y  fundó, con otros vecinos, la Unión Patriótica en Cartagena donde ejerció como apoderado de la CEDA en las elecciones de  1933. Tras el  Golpe de Estado y el estallido de la guerra de España se afilió a FETE-UGT y al PSOE.  Colaboró en la fundación de la Casa del Pueblo y  ejerció el cargo de secretario-contador de la Sociedad de los Trabajadores de la Tierra.
Salvó la vida del cura del lugar acusado de derrotismo y de un falangista de Vertientes al que los milicianos cullarenses habían amenazado de muerte.
En Enero de 1939 fue movilizado. Debido a su alta miopía ocupó el puesto de soldado escribiente en el centro de reclutamiento de Murcia.
Tras el final de la guerra, fue detenido pasando por las prisiones de Cúllar (habilitada en una iglesia),  Baza  y el  Campo de Concentración de Benalúa de Guadix. De allí fue pasaportado a Cartagena donde se le incoó expediente por “Auxilio a la Rebelión” e ingresó en la cárcel de partido de San Antón.
Meses después, consiguió la prisión atenuada (arresto domiciliario) mientras su causa continuaba abierta. El juez instructor se inhibió y comenzó un nuevo proceso judicial, esta vez en Granada. Mientras este se resolvía, debió enfrentarse a la Comisión Depuradora.
Tras un largo proceso de casi tres años, fue expulsado del Cuerpo de Maestros por izquierdista y revolucionario en 1942. Al año siguiente, en el que falleció por tuberculosis su esposa, recibió la sentencia definitiva de la causa abierta contra él en Granada: Condena de 12 años y un día por auxilio a la rebelión.
No llegó a ingresar en la cárcel pues le fue descontado el tiempo que permaneció en prisión atenuada. Encontró trabajo como peón en el taller de pintores de la Empresa Nacional Bazán, una constructora naval de la ciudad.
Tras la extinción de su pena, ya en los años cincuenta, abrió una academia de clases particulares e inició un largo proceso de casi ocho años para obtener su rehabilitación como funcionario que consiguió en 1959.
Falleció el 27 de noviembre de 1979, día del maestro, en su casa de Cartagena.

 

Comentario: El franquismo, al igual que el fascismo y el nazismo, sabían donde estaba el peligro para los regímenes dictatoriales que propugnaban, en la cultura y la educación, porque sólo con ellas se podría llegar a la consecución de pensamientos libres, críticos y democráticos. Por eso, el ser profesor/a republicano/a, aunque fueras conservador/a y católico/a, como Enrique Piñana, te convertía en un peligro para el régimen de Franco. La depuración de funcionarios/as fue demoledora, con más de 60.000 maestros/as depurados/as en España, muchos de ellos y de ellas fusilados/as. En la Región de Murcia, cerca de 25o maestros, de ellos la gran mayoría de educación primaria, fueron depurados (datos de Antonio Martínez Ovejero, investigador). Once de éstos fusilados y uno dejado morir en la cárcel, abandonado a su suerte al no suministrarle la medicación necesaria (datos de Rufino Garrido Martínez, investigador también).

Óleo realizado por Alfonso Martínez López

Fuente: Ana Mª Alcaraz Roca, escritora y memorialista, es autora del libro «El día en que nací yo», libro que recoge el deseo de Belén Piñana, nieta de Enrique Piñana, de que se pudiera hacer un libro sobre su abuelo de forma literaria.
Comentario final: Bernardo Sánchez Muñoz, memorialista.

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